Estaba atardeciendo y ella seguía allí, plantada como una estatua. Ante ella se encontraba la siniestra entrada de
la cueva. Sí, LA CUEVA. Había escuchado incontables veces historias de terror sobre esa cueva, en esas típicas reuniones a la luz de una hoguera. En esas reuniones ella se había reído y mostrado impasible ante esas historias, porque en el fondo solo eran eso, historias. Nada mas que invenciones de la gente. Sí, solo eso, invenciones.
¿Entonces por qué temía tanto entrar? ¿Por qué pensaba que en cualquier momento le atacaría el
monstruo del barro o el fantasma caníval? Debería dejar de torturarse a sí misma de aquella forma, lo mejor sería dar media vuelta y...
-
¡No! -sacudió la cabeza-
Tengo que entrar...de lo contrario la tendré que dar por perdida. -pensó en aquello que estaba dentro de la cueva, la razón por la que estaba en aquella situación-
Iré a buscarla...y cuando la pille se va a enterar por hacerme pasar este mal rato 
Entonces por fin se decidió y armándose de valor entró en la cueva.
-Bah, solo es una cueva. Aquí no hay fantasmas ni monstruos, qué tonterías, jijijiji
-se rió con nerviosismo, a medida que se adentraba en la cueva, al paso de un desfile de cojos.
-Crrrri, crrrrri. -
¡¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!! -Aciul salió de la cueva corriendo y gritando de puro espanto.