Brizza Baenre
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Yathtallar (Alta Sacerdotisa de Lloth)
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« : 02 de Diciembre de 2010, 04:47:45 » |
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Brizza caminaba en plena noche por el bosque. La acompañaba el drider, su compañero fiel. No era un secreto que él aspiraba a ser algo más que un compañero de caminos y venganzas para ella, pero Brizza prefería actuar como si nada supiera. Era un drow maldito, y Brizza, siendo la alta sacerdotisa de Lloth que era, jamás se fijaría en alguien así.
La drow andaba sin hacer ningún ruído, aunque tras ella oía las ocho patas del drider moverse. Oculta por una capucha, la drow miró a su alrededor. Un resplandor azulado llegaba hasta sus ojos rojos. En aquella noche sin luna, la visión infrarroja de Brizza era su mejor aliada.
Como de costumbre, llevaba la falda larga, al cual tenia dos cortes a ambos lados de las piernas, para dejarle movilidad. Las botas, casi hasta las rodillas, contenían dos dagas envenenadas. A la espalda, llevaba su báculo, que demostraba ser una Alta Sacerdotisa. Su camisa de cuero dejaba descubierta la piel oscura de su vientre y sus brazos, cubiertos tan solo por unos guantes y finas tiras de cuero nergo. Por último, la capucha negra tapaba su rostro, pero su cabello, blanco como la nieve, se movía sensualmente alrededor de sus pechos. Y, para rematar su atuendo, en la cintura llevaba su látigo de cabezas de serpiente, preparado para morder a quien osara ofender a la sacerdotisa.
Al enfocar la vista, Brizza descubrió un lago, a lo lejos. Se acercó hasta allí, moviéndose sensual y ágilmente, com si de un felino se tratase y traspasó la última linea de árboles. Allí al centro, había un hermoso lago, cuyas aguas reflectian el brillo azulado que había percibido en un primer momento. El drider, tras ella, admiró el pequeño paisaje y dobló sus patas para acomodarse, mientras Brizza sacaba de su morral un par de frutas que acababa de recoger.
Muy a su pesar, le ofreció una a su acompañante.
No quiero esa porquería. le dijo el drider, sin mirar siquiera la fruta. Sabes que prefiero la carne. Pues vas a recogerla tú mismo, drow maldito. responidó ella, con voz dulce. Me las comeré yo, ya que insites en no comer. Tú haz lo que quieras, sacerdotisa. No te diré lo que debes comer. replicó el drider, ofendido. Te muestras muy poco agradecida por el hecho de que te haya acompañado hasta aquí. añadió. Hiciste lo que te convenía, varón. Si te hubieses quedado en la Antípoda, te habrían matado. dijo Brizza, con crueldad.
Se hizo un pesado silencio, en el que el drow-araña observó a Brizza comer la fruta tranquilamente. Mientras, la mente de la drow bullía de actividad. Como si le hubiese leído el pensamiento, el drider le dijo: ¿Dónde piensas empezar a buscar a tu drow fugitivo? Cállate. se limitó a ordenar ella. Con los ojos fijos en las aguas, la drow siguió pensando en la búsqueda que la había llevado hasta aquel remoto lugar, tan alejado de su hogar.
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