sedra
Domadora de dragones
Insignia Mayor
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"soñar es hacer provable lo imposible"
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« : 01 de Junio de 2010, 03:21:13 » |
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Muchas noches había soñado con aquel día. Habían pasado varios meses desde la última vez que pisase aquel bosque, parecía igual y a la vez distinto, pero no tanto como los ojos del que ahora lo contemplaba. Ya no era la misma, ni aquellas tierras significaban lo mismo que en antaño lo habían hecho, había vuelto porque no tenia a donde ir pero esta vez quería empezar de cero, este era un nuevo comienzo para una nueva persona.
El viento la azotó en la cara mientras descendía la pequeña colina donde había acampado aquella noche. Bajo sus pies se extendía una pequeña pradera y al final de esta se alzaban los primeros árboles. Desde allí parecía un bosque normal, pero sabía perfectamente que no era así, aquel era un lugar mágico, aquella magia se podía notar en cada insignificante forma de vida, era aquello lo que le había hecho enamorarse de esas tierras cuando llegó. Pero aquella magia ya no podría ayudar a ese alma perdida, solo el tiempo lo conseguiría.
Se introdujo en el bosque por un sendero de tierra que había seguido muchas veces antes, los árboles parecían extenderse como guardias apostados a lo largo del sendero para protegerlo. Las copas de los mismos se entrelazaban en sus intrincadas ramas formado un tejado natural de ramas y hojas, volviendo el camino más oscuro cuanto mas te internabas en él. En otra ocasión hubiese disfrutado con cara maravilloso detalle, el alegre canto de los pájaros, el aroma a tierra húmeda, el dulce aroma del roció mezclado con el de las flores, lilas, azahar, rosas, margaritas, etc. Pero esta vez solo podía fijarse en la tranquilidad que reinaba, era algo extasiante que ya había empezado a influir en su animo, en aquel momento no había sitio para problemas y preocupaciones solo para esa paz, esa pausa en su mente siempre en constante bullicio de sentimientos contradictorios.
Llego hasta el lago, que estaba igual que como lo recordaba. El pequeño claro siempre custodiado por el abrasador sol, las cristalinas aguas que ni una tormenta parecía turbar y los pequeños arbustos que habían crecido gracias a la humedad. Se acercó hasta la orilla y se dejo caer de rodillas para inclinarse y contemplar su reflejo en el agua. Parecía la misma, la larga y alborotada melena pelirroja, los grandes ojos verdes que parecían estar siempre contemplándolo todo y aquellas facciones delicadas y dulces. Pero cualquiera que la conociese bien podría apreciar los cambios producidos, las arrugas que habían ido naciendo alrededor de sus ojos junto a las ojeras que afeaban sus brillantes ojos, y la mascara de tristeza que había suplantado a aquella sonrisa radiante que antes solía lucir. Parecía más mayor, más sabia, más fuerte, pero no lo era.
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