Egates
God of Wind.
Fuerza del Bosque
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« Respuesta #30 : 20 de Febrero de 2010, 09:44:15 » |
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Off: Lamento la demora, espero mi post compence. Bueno, primero que nada seguir dando las gracias por particpar, están haciendo unos post increíbles, espero que sigán así ya que ahora es cuando la cosa comienza a ponerse interesante. Suerte ^^
On:
De pronto algo comenzó a desprender un extraño calor desde su bolsillo, pudo sentirse mas que protegido mientras observaba al resto cuando peleaba. Pensaba haber olvidado por completo esa sensación, pero era tan abrazadora como la primera vez. Veía los movimientos del orco bastante lentos y torpes, estaba cegado de furia y ganas de romper, mientras que Egates por primera vez no sentía la necesidad de dar golpes igual o mas rotundos que los de su oponente. Y había estado en su bolsillo después de tantos años. Si debía sentir rabia era por lo tonto que había sido, pero en vez de eso seguía sintiendo una calma y una flexibilidad increíble, apenas podía dar crédito a sus movimientos. Bastaba con caminar hacía atrás, a los costados y en circulo mientras echaba sus hombros hacía atrás con cada garrotazo del orco. Claro todo pasaba mucho mas rápido de lo que parecía, pero Egates parecía verlo todo en cámara lenta mientras dejaba que su enemigo se agotara solo. Mientras eso sucedía, miraba como todos gastaban inútilmente su energía con movimientos complicados, algunos por instintos, otros por testarudez.
El último orco callo a manos del hada, pero el que peleaba contra Egates estaba peleando sus últimos segundos de vida. Cerró sus ojos al ver al enemigo avecinarse, dejo su mente en blanco después de haber tensado todos sus músculos y en cuestión de un segundo, un pivote, giro y un ruido sordo se escucha detrás de Egates quien ahora se encontraba con su espada guardada en la funda. Se dio vuelta para ver que efectivamente la cabeza del orco era la que había producido el ruido sordo al haber sido separada de su cuerpo por la espada de Egates. Seguía calmado y no había gastado nada de energía. Metió su mano en el bolsillo y agradeció a Valaina por haberle entregado aquel talismán que estaba cumpliendo su trabajo divinamente. Claro que aun no entendía como funcionaba el objeto, pues no había tenido la oportunidad de comprender una de sus utilidad hasta ese momento, el idiota lo había olvidado por completo. Habían muchas mas cartas bajo la manga que pudo haber utilizado, pero resultó todo tan sencillo, ahora comprendía lo que ambas hadas le habían mencionado y se preguntaba el motivo de la guardiana para a ver realizado tal movimiento que se veía tan complicado. Como sea, mas le valía disfrutar esa calma, pues pronto volvería la bestia y olvidaría de nuevo el objeto entregado. Lo primero que hizo al ver tranquilamente al grupo, fue dedicar una leve sonrisa a Nainteins, al parecer compartían el mismo elemento. - Bueno, pudo haber estado mas fácil, mejor seguimos algo me dice que esto no se acaba aquí – Dijo calmado mientras daba la espalda al grupo solamente para seguir avanzando mientras seguía con la espada en su funda y ahora caminando mas relajado que antes, pero con su mente alerta explorando cada rincón que podía, siguiendo, siendo intervenido por en ciertos puntos por las esferas celestes que iban encima de ellos.
En la habitación donde se encontraba el hada de hielo, el hombre que la acompañaba de pronto comenzó a mostrar un rostro que resaltaba en preocupación, pero este fue después de haber visto como el hada se reponía poco a poco de su allanamiento del mundo exterior y estadía poco confortable en aquel lugar. El hada estaba recién recobrando sus sentidos, por lo que no había podido escuchar en ese entonces los pasos acelerados que había escuchado Argein desde afuera. Aquello solo podía presagiar algo malo para él y el hada, parte de él se sentía triste por perder tan pronto a quien había tomado como compañera de celda, otra parte de él sentía que debía actuar rápido si no quería que tanto su compañera como él terminarán como festín de orco. Las leyes en el mundo de abajo siempre eran así y lamentaba no tener ningún chance de vivir como el hada lo había estado haciendo hasta que Argein la tomó prisionera. Era momento de liberarla, lamentablemente su cerebro mitad salvaje y mitad racional – mas salvaje en esos momentos – le impedía pensar en posibles alternativas de escape seguro para ambos. Sacó un rollo de pergamino y lo dejó a un costado de Oli, para luego disponerse a quitar los grilletes que la mantenían prisionera e incapaz de moverse libremente. Ahora estaba disponible para hacerlo. Argein iba a abrazarla en muestra de lamentar lo que le había echo, pero hubieron quienes ya habían abierto la puerta de la habitación. Antes de que pudieran fijar su vista en el hada, el hombre hizo lo imposible para mantener la vista de los intrusos alejadas de ella. Unos segundos mas tarde, mientras el hada de hielo recobraba casi totalmente sus sentidos, ya no quedaba nada mas en la habitación que los objetos antes allí ubicados y una ahora puerta abierta dispuesta a un escape seguro para el hada.
De vuelta a la entrada del coliseo, Egates ya había comenzado a hacer camino una vez mas y al igual que las anteriores sin esperar a que ninguno le pusiese rienda en lo que estaba haciendo, pero manteniendo la misma calma que antes y aunque parecía impensable un casi total conocimiento de lo que a su alrededor acontecía. El escenario prematuramente se volvió insonoro a excepción por las pisadas del equipo que producían un sonido casi sordo. Nada mas que unos curiosos ojos rojos parecían asomarse de vez en cuanto de los agujeros por los que anteriormente habían salido los orcos que el equipo habían vencido, despistando eso, ninguna señal había de algún enemigo que quisiera atacarlos prontamente. Entonces otra pared volvió a abrirse paso frente al equipo; sin embargo, esta era mucha mas grande que la anterior donde había aparecido Strider y mas que una sólida pared, parecía una puerta de arena bastante sólida y grande. Se elevaba varios metros mas arriba y se podía sentir como en el umbral que unía la puerta con el pasillo anterior entraba mucho mas oxigeno y la respiración era mucho mas sencilla, algo que seguramente podría favorecer a la guardiana de fuego que encima recientemente había recobrado algo de energía.
Parecía no haber forma de abrir la puerta, pero entonces las esferas celestes que se encontraban encima de Egates, comenzaron a acercarse hacía él, algo le decía a su mente que levantara la mano y no había ningún instinto primario por parte de la bestia que le dijera que no debía hacerlo. Lo hizo, entonces sintió como una sólida llave de oro se formó en su mano, tras el acumulamiento de las esferas. Ahora solo le quedaba buscar la cerradura de la puerta. En cuestión de segundos la encontró, introdujo la llave y la giró. La puerta comenzó entonces a moverse lentamente hacía adentro para dar paso al equipo. Una vez la puerta estuvo completamente abierta, Egates y los demás pudieron descubrir que el lugar donde habían estado peleando con los orcos era tan minúsculo o incluso mas que la casa de un hobbit. El techo llegaba a elevarse mas allá del cuádruple que lo había sido antes de abrir la puerta y los agujeros en las paredes habían sido reemplazados por unas especies de tribunas, claro que estas solo tenían una barrera y aparentemente no había ningún cómodo asiento. Daba la sensación de que estaban siendo observados por algo mucho mas inmenso de lo que estaban ellos mismos presenciando.
En la habitación de Oli, el mapa que Argein había dejado en aquel lugar llegaba justamente hacía el coliseo donde estaba el equipo. Claro que como era tan grande el estadio, no podría verlos inmediatamente al salir del pasillo que conectaba. Según el mapa solo era cosa de salir y tomar el camino hacía la izquierda, seguir caminando y entonces ya estaba. Parecía todo bastante simple. Argein sabía que la alarma del lugar había sido activada cuando un sujeto fuera del pozo había decidido seguirlo, de otra manera era imposible que lo hubiesen ido a buscar a la habitación donde normalmente vivía, pues el estaba confiado en que conocía las mañas del lugar como conocía la palma de su mano.
De vuelta en el coliseo, si Egates había pensado antes que seis orcos habían sido casi tan fácil como realizar una suma de dos dígitos con un resultado no mas allá de tres, alguien tenía que estar seriamente juzgándole una broma bastante pesada, por no decir de mal gusto o grosera. Sin perder la calma que le brindaba su talismán, observó como orcos de la misma contextura de los anteriores se aproximaban por el norte. Esta vez, los orcos parecían mucho mas profesionales en su trabajo, pues no solo llevaban hachas de gran tamaño, si no que iban vestido con armaduras de acero aparentemente oxidado, yelmo de acero que cubría solo la mitad de la cabeza – seguían siendo orcos – y hasta el momento quien sabía que otra sorpresa podían sacar durante el transcurso del combate. Lo único que Egates tenía seguro, es que la broma había sido exageradamente grosera y que el número de orcos era para creer que era un estúpido si decía que no estaba abrumado. Un total de treinta contra un grupo de seis. Por el momento decidió que no iba a actuar, pero si el resto no comenzaba a ultra exagerar de nuevo con sus movimientos, mas les valía que aquella situación solo fuera una broma de mal gusto. Aguantó una carcajada disimulada mientras movía su cabeza de lado a lado mirando al suelo y luego volvió la vista hacía el grupo de orcos que se avecinaban encima de ellos como una banda de búfalos rabiosos. -Sigue pudiendo estar mas fácil – Dijo en tono claramente sarcástico esperando el momento preciso para actuar.
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