La cabaña estaba situada al pie de la montaña. Parte del bosque que bajaba de la montaba la envolvía, los árboles formaban un pequeño claro y en el centro se erigía la casita de madera. El claro era lo suficientemente grande para que Jade, la dragona, aterrizara y descansara sin chocarse con los árboles. Era el lugar perfecto, tan cerca de las montañas que la dragona no tardaría en ir desde la cabaña a cualquier cueva que hubiese en ellas.
Estaba construida en su casi totalidad de madera. Estaba compuesta por dos pisos, el principal: el salón, el servicio y la cocina, y el piso de arriba: los dos dormitorios. Las ventanas del primer piso eran grandes para dejar pasar la luz, las del segundo piso eran más pequeñas. Todas las ventanas tenían un refuerzo de tablas de madera para no dejar pasar la luz y el frió. Desde el salón había una escalera de caracol, tambien de madera, que subía a un pequeño pasillo que se dividía en dos puertas en sus respectivas habitaciones.
El salón era amplio, y tenía una pequeña chimenea que caldeaba toda la casa. El servicio consistía en una palangana que había que llenar con agua, un rudimentario asiento de madera con un agujero en el centro, y un espejo. La cocina no tenia muebles como el resto de la casa, solo un pequeño hogar para hacer la comida. Las dos habitaciones eran iguales, cuadradas y pequeñas, suficiente para una cama y varios muebles. La terraza era pequeña y tenia vistas a la montaña, la domadora la usaría para poder hablar con la dragona, que alzando el cuello llegaba a la altura de la terraza.